Lo bello de lo triste

Por Vale Villa

por PollTest 1688853249388564 8, ago., 2012 10:25a. m.

Una hermosa boda es el escenario de un drama insospechado, porque de acuerdo a las normas, las bodas deberían ser rituales de alegría y de celebración de dos que se aman.

 

Una boda es el pretexto para que Lars Von Trier nos cuente sobre la tristeza en su película Melancolía (2011).

Con imágenes y música de gran belleza, diálogos contundentes y un final inolvidable, el director danés nos hace reflexionar sobre nuestro miedos, nuestros apegos, nuestras falsas identidades confeccionadas en función de las expectativas de los otros, el sentido de la vida y las reacciones humanas en una situación límite.

 

La melancolía, que a veces se usa como sinónimo de depresión, asusta y amenaza a quien la siente y a los que lo rodean. Se le asocia con parálisis, improductividad, sufrimiento y muerte.  Pero también podría ser entendida como una emoción congruente con algunas realidades de la vida, como el desamor, el odio, la frivolidad y el destino final al que todos llegaremos.  Es más congruente llorar las pérdidas que negarlas. Sentirse sombrío frente a la enfermedad es humano. Vivir momentos tristes después de una separación, de un largo desempleo o de la rehabilitación de un hijo o hermano adicto es parte del proceso de recuperación.

 

La melancolía de todos tan temida, es una emoción humana, bastante desprestigiada por nuestra cultura,  que nos vende alegrías sintéticas y sonrisas compensatorias frente a las desgracias que como especie hemos generado:  guerras, pobreza, racismo, violencia e intolerancia en todas sus formas.

 

Pensar que si yo estoy bien lo externo no importa, es una idea que tiene límites, porque hay circunstancias afuera de nosotros, que nos entristecen, nos desvitalizan y no deberíamos avergonzarnos por ello.

Nuestro mundo espera que una novia sea la imagen pura de la felicidad. Una novia triste rompe nuestros frágiles estereotipos sobre el sentido de la vida.

Al final de muchas historias, los débiles en apariencia son los fuertes. Los fuerte los débiles. Los dependientes los autónomos. Los que cuidan y protegen, los primeros en acobardarse. Nada es lo que parece y quedarnos sin certezas, nos asusta.

 

Frente al fin del mundo y frente a la muerte, nuestras grandes pero intrascendentes tragedias recuperan su verdadera magnitud y  todo se vuelve irrelevante. En el último instante, nadie se llevará sus posesiones materiales, ni su título de doctorado ni sus grandes logros ni su hermosa sonrisa en el día de su boda. Estaremos desnudos y nada importará.

 

¿Qué haríamos si supiéramos con certeza que el mundo está a punto de terminarse? ¿ A quién correríamos a abrazar? ¿Qué palabras nos atreveríamos a pronunciar? ¿Qué nos dolería perder? ¿De qué nos arrepentiríamos? ¿Cuál sería nuestro recuerdo más valorado? ¿A quién tomaríamos de la mano?.

 

Quizá los melancólicos, tan mal vistos socialmente, entienden mejor la vida, son más sabios para aceptar la fragilidad del amor, la posibilidad de la traición, lo bello de lo triste y el final de todas las cosas.

El arte más sublime, los momentos más entrañables, los vínculos más fuertes, son irremediablemente atravesados por la melancolía.

 

Vale Villa es psicoterapeuta individual, familiar y de pareja desde hace más de 10 años. Tiene dos consultorios: Hospital Médica Sur 5606 7245/3481 y Lomas de Chapultepec 5520 5525  La puedes seguir en twitter @valevillag o en Facebook Vale Psicoterapia. O escuchar su Radioterapia en el 102.5 fm en el D.F. (http://audio.noticiasmvs.com/) los lunes a las 1200 hrs en MVS radio con Gloria Calzada.

 

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