Depresión Decembrina

Por Vale Villa

por PollTest 1688853249388564 5, dic., 2012 11:57a. m.

Las fiestas decembrinas, paradójicamente, son una de las causas más frecuentes de depresión. Muchos se horrorizan a principios de noviembre, frente a la oleada de productos navideños en los centros comerciales y supermercados. Si uno no había pensado en la cercanía de la navidad y el fin del año, los adornos, arbolitos, luces de colores y villancicos, son el cruel recordatorio de que hay que ponerse en modo festivo y sonriente.

No dudo que haya quienes auténticamente disfruten la preparación de las fiestas. Hay espíritus que se ilusionan frente a la idea de reunirse en familia, de cocinar, de adornar la casa.  Pero el llamado a la sonrisa universal ejerce el efecto contrario, llenando de angustia y tristeza a muchos, que no encuentran en sus oficinas ni en sus casas, la paz y la armonía que se supone deberían sentir. Los sentimientos por decreto rara vez funcionan y las más de las veces, producen una sensación de falsedad.

La perspectiva de reunir a toda la familia suele ser un elemento de tensión. Todos sabemos que no existe familia sin conflicto y pretender que en una comida o en una cena, se resuelvan viejos rencores y asuntos pendientes, puede ser una expectativa ingenua.

El fin del año detona irremediablemente la evaluación de logros. Todos hacemos alguna valoración de cómo nos fue en el año en los diferentes planos de nuestra vida.  Inevitablemente, los sentimientos no son solo de amor y paz. También los hay de odio, de tristeza y de frustración.

 

Porque no lograste limar las asperezas con tu padre antes de que muriera, porque se frustró una relación amorosa en la que habías puesto demasiadas expectativas, porque se termina un año más sin conseguir el tan anhelado ascenso, porque tu hijo ha comenzado beber en exceso y no sabes cómo ayudarlo, porque te siguen sobrando kilos aunque el doctor te haya dicho que estás poniendo en peligro tu salud, porque se acaba un año más y sigues sin sentirte bien con tu vida conyugal, porque te siguen enojando, preocupando, obsesionando,  las mismas cosas, porque casi te has gastado todo tu aguinaldo o parte de tus ahorros en comprar regalos inútiles para gente que apenas significa algo para ti.

 

La depresión decembrina es una reacción natural frente a la obligación de ser feliz. Es tristeza y angustia que surge frente a la preparación de un ritual que nos obliga a hacer cosas extraordinarias, como ver a todos los de nuestra misma sangre y además tener que darles abrazos y regalos.

También es una respuesta esperable entre aquellos que se encuentran solos y que por estarlo no representan el espíritu colectivo tan sobrevalorado en estas fechas.

Todo parece gritar que si no tienes con quien celebrar, solo se puede deber a que eres incapaz de vincularte afectivamente o porque eres tan difícil que todo mundo termina alejándose de ti. Y ni la una ni la otra. Hay gente que simplemente no quiere celebrar, porque no le da la gana.

 

Los discursos de fin de año,  los borrachos de la oficina perdiendo el estilo frente al jefe y los compañeros, la tía que detestas y a quien ahora debes darle un regalo y un abrazo porque te tocó en el intercambio, la obligación cultural de expresar el afecto con cosas materiales para mantener en buenas condiciones la economía nacional,  pone de manifiesto lo vacío que puede ser un ritual navideño o de fin de año.

Los rituales deberían expresar significados trascendentes para una comunidad. Para ser poderoso, el ritual debe ser un acto libre y sencillo, construido con palabras, con símbolos simples que no venden en ninguna parte. El ritual se lleva por dentro y se comparte con los otros significativos, con aquellos a quienes amamos.

 

Queda excluido del ritual el gasto innecesario en regalos, abrazar forzadamente a aquellos que te han hecho daño en el pasado y que no han pedido perdón, obligar a los otros a que participen y convertir la forma en el fondo.

 

Ideas para un ritual navideño:

 

Una navidad con regalos confeccionados por cada uno.

Una navidad sin alcohol

Una navidad sencilla, en la que el gasto sea mínimo

Una navidad sirviendo la cena en una casa hogar

Una navidad en jeans

Una navidad austera

Una navidad viendo películas o leyendo libros en grupo

Una navidad desnuda de consumismo y plena de conversación

 

Habría menos depresión decembrina,  si bajamos nuestras expectativas, si nos atrevemos a romper el guión estereotipado de las fiestas, si entendemos que ninguna fecha logrará cambios mágicos por decreto.

De todos modos, se vale subirse al tobogán de la felicidad empaquetada y aprovechar las fechas para pedir perdón, pasar la página, sonreír más y ser más generoso. 


Vale Villa es terapeuta sistémica y narrativa. Tiene su consultorio en  Coyoacán: 5554 9465 y en Lomas de Chapultepec: 5520 5525 . La puedes seguir en twitter: @valevillag  y acaba de publicar su primer libro con Ed. Planeta: Secretos de una terapeuta de parejas.   Vale es conferencista, mamá de 3 adolescentes y corredora amateur. Su blog es un intento de hacer divulgación psicológica que respete la inteligencia del lector.

 

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