¿Apego o desapego?

Por Vale Villa

por PollTest 1688853249388564 12, sep., 2012 10:35a. m.

 

Cuando me preguntan si soy apegada o desapegada, nunca he sabido que responder, porque soy las dos cosas, en diferentes proporciones y manifestaciones dependiendo del día y la hora en que me pregunten.

 

Apego por ejemplo, si se entiende desde una perspectiva psicológica, es eso que nos une a los demás y nos hace sentir seguros frente al peligro y dignos de amor y de respeto.

Pero si lo entendemos desde la perspectiva budista, es una de las debilidades del espíritu, que debemos combatir si queremos lograr la paz del alma.

 

A ratos me confundo, no en las definiciones que no son más que eso, sino en qué tan posible es vivir conforme a ellas.  Por ejemplo, uno de mis hijos es uno de esos típicos adolescentes que no quieren saber nada de su madre el 99% del tiempo. Quiere su soledad, su música, sus amigos, sus películas, y la puerta cerrada con mil candados.

 

Mi parte apegada, me hace sentir triste a veces, cuando descubro que ya no soy tan importante, o que quizá soy tan importante, que es necesario borrarme del mapa un rato, para que él aprenda a ser hombre, al margen de mí. Y mi parte desapegada me dice que no me clave ni me aferre, y que la libertad para amar es el único camino para amar profundamente.

Por lo visto, el desapego en sentido budista, entendido como no aferrarse ni a las personas ni a las cosas, podría resolver esta y muchas otras situaciones. Y a pesar de entenderlo, duele.

Suena contradictorio y también se siente contradictorio, porque lo que uno quiere simple y llanamente, es estar cerca de los que ama, disfrutar de su compañía, abrazarlos y saber que están ahí para nosotros y nosotros para ellos. No queremos vivir pensando que no debemos aferrarnos, porque eso nos causará sufrimiento, que según el budismo, es una elección. Nadie concientemente escogería  sufrir, y sin embargo, sufrimos.

Podemos disfrutar de lo que tenemos, pero no debemos aferrarnos a la idea de que siempre lo tendremos. Ahí está lo complicado.

 

A veces la gente que quieres te abandona, te deja plantada, se olvida durante meses de que existes, vive para trabajar y en consecuencia, nunca tiene tiempo de tomarse un té contigo.

O tu amiga más querida se olvida de tu cumpleaños, o no te visita en el hospital cuado más la necesitabas, o como está estrenando novio, se olvida durante varias semanas de que tenían sus jueves de amigas.

Si concluyes a partir de todo esto, que esa amiga no te quiere, o que tu hijo sólo te utiliza cuando necesita algo de ti, elegirás el desapego más por defenderte del sufrimiento de sentirte abandonada, que por una convicción profunda de que te hace bien, que se siente bien, que te interesa desarrollar esa fortaleza espiritual.

 

Cuando piensas en términos de apego igual a bueno,  desapego igual a malo o al revés, divides al mundo en una contradicción que no tiene solución.

Quizá si aceptas que necesitas a los otros y se los dices, y al mismo tiempo, cultivas tu mundo interior, tu vida espiritual y tus pasiones personales, quizá puedas tener lo mejor de los dos mundos. Nada es estrictamente binario cuando de personas se trata. Todo está mezcladito y se matiza por los estados de ánimo, los ciclos hormonales, la falta de sueño o la mala alimentación, o simplemente porque no somos los mismos todos los días.

 

Ni puro desapego ni puro apego, sino todo lo contrario.

De pronto dan ganas de inventar nuevas palabras que reflejen con mayor fidelidad,  la complejidad de nuestra vida emocional y espiritual. Pensar en puras dicotomías, es semilla de radicalismos y  si me azoto un poco más,  de desesperación.  Porque nos enfrentamos siempre con la imposibilidad de lo absoluto, impoluto e inmaculado.

 

Tu hijo no te abre la puerta / Tu amiga no te llama / Te olvidas de felicitar a tu hermana en su aniversario /El hombre que dice amarte, jamás tiene tiempo para verte/ Dejas a medias el proyecto de tus sueños/ Gastas más de lo que tienes/ Frecuentemente estás en déficit de abrazos/ Te reprimes besos y cartas de amor/ Te sientes sola cuando la gente no te llama/ Pierdes tu casa/ Los que quieres se mueren/ Envejeces/ Engordas/ Te jubilas/Te aburres de tu vida/Temes morirte porque dejarás de ver a los que amas/ Te apasionas con un deporte/ Aprendes a no hacerte responsable de los sentimientos de los demás/ Sermoneas a tus hijos sobre cómo deben comportarse y en qué deben creer/al infinito…

 

Sueltas, te liberas, tomas distancia, te apartas, te guardas en casa, buscas silencio, te cuidas, te tratas como prioridad, eres dependiente, ruegas que te quieran, que te acepten o que te inviten, intentas controlarlo todo, te cansas de querer controlarlo todo.

 

Te separas de un marido alcohólico y le pides a un hijo adicto que se vaya de casa, o te queda 25 años con el marido que bebe y te vuelves cómplice del consumo de sustancias de tu hijo de 27.

 

Y así la vida, y así lo humano, y así los días, las semanas y los años. Entre el apego y el desapego, entre la sabiduría y la torpeza, entre las luces y las sombras, aprendiendo a vivir en un anhelado territorio intermedio, donde alcances la intimidad, sin perder la libertad.

 

Vale Villa es terapeuta sistémica y narrativa. Tiene su consultorio en Coyoacán: 5554 9465 y en Lomas de Chapultepec: 5520 5525 . La puedes seguir en twitter: @valevillag  y acaba de publicar su primer libro con Ed. Planeta: Secretos de una terapeuta de parejas.   Vale es conferencista, mamá de 3 adolescentes y corredora amateur. Su blog es un intento de hacer divulgación psicológica que respete la inteligencia del lector.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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