Por Vale Villa
Es difícil tener 16 años y morirte de ganas de divertirte pero tener demasiada prisa de hacerlo. Te mueres de ganas de vivirlo todo y en el intento, te equivocas, decides estúpidamente y te pones en riesgo. Crees que tus amigos son lo único importante en tu vida y que tus papás son simplemente un estorbo para tu felicidad. No te entienden, te juzgan, creen que eres flojo, poco comprometido en la escuela y no toleran a la mayoría de tus amigos.
Tienes 16 años y buscas vivir intensamente, porque sientes que la vida se te va a acabar. Te enamoras y te desenamoras a velocidad turbo. Todas te gustan y aunque sean tus amigas del alma, en el momento adecuado y tal vez con un poco –o mucho – alcohol en la sangre, todas te parecen deseables.
Qué difícil es tener 16 años. Cuanta tristeza te da haber dejado de ser niño y haber perdido tantas cosas al crecer. Quieres creerte grande aunque sabes que apenas eres un adolescente al que le falta todo: estudios, experiencia y madurez.
A veces todo te parece triste, porque todo es efímero. Los amigos, las novias, los momentos de felicidad, los excesos. Todo tiene un efecto limitado que una vez que se termina, te regresa a tu realidad.
Por Vale Villa
El 1º de mayo, Laura, la mujer de un buen amigo, fue baleada a plena luz del día, en pleno Tlalpan, por ir en el taxi equivocado a la hora equivocada. De milagro no está muerta. Ahora lucha en el hospital por no perder un ojo y por recuperar el rostro que alguna vez tuvo. Laura es una buena persona, eso me consta. Lleva años y años de ser una mamá y esposa amorosa. Y es una de las mujeres más sonrientes y felices que he conocido en mi vida.
Así que cuando hay quien afirma que tarde o temprano todos terminamos recibiendo de la vida lo que nos merecemos, ya no entiendo nada. La verdad es que frente a la tragedia, no hay ninguna explicación que pueda tranquilizarnos.
El tipo que disparó contra el taxi en el que Laura viajaba, llevaba una pistola lista para ser detonada. Y lo hizo porque se le cerraron, porque un taxista lo rebasó en el carril de alta. Y porque sabía que en la Ciudad de México eso se puede.
Por Vale Villa
Hace tiempo trabajé con un paciente que tenía la fantasía recurrente de no sentir nada. Quería dejar de sentir porque en los últimos años, la tristeza y el desánimo se habían vuelto algo cotidiano en su vida. Estaba obsesionado con la idea. Me preguntaba si había alguna pastilla que quitara las culpas y se imaginaba sometiéndose a una extirpación quirúrgica de las emociones negativas.
No lo culpo. Nadie quiere sentirse mal. Nadie le da la bienvenida a la ansiedad, a la depresión o a cualquier otro padecimiento emocional. Todos quisiéramos pastillas para ser mejores, para no sufrir, para no extrañar, para ser felices.
La vida emocional, sin embargo, funciona distinto. Sobre ella tenemos un control relativo. Las emociones nos asaltan, nos suceden y no nos piden permiso para entrar. Así que quizá lo más sano sería aceptar que las sentimos y encontrar alguna estructura que nos vuelva menos vulnerables y más fuertes para enfrentar las adversidades y las crisis.
Por Vale Villa
Puede ser un acto de soberbia creer que podemos decretar que algo o alguien es una causa perdida. Nadie puede saber con precisión qué resultará de poner las ilusiones y el optimismo en una cosa u otra.
Gandhi, Mandela, Walesa, Bachelet… son ejemplos de tenacidad increíble que contra todo pronóstico lograron rescatar y remontar causas que parecían imposibles. Aunque ellos no son el caso promedio y son aspiracionales por donde se les vea.
Pero los humanos simples y comunes vivimos confrontados con el dilema de seguir luchando o derrotarnos en ciertas situaciones.
Por Vale Villa
“Los dioses habían condenado a Sísifo a hacer rodar sin cesar una roca hasta la cima de una montaña, donde la piedra volvía a caer por su propio peso. Habían pensado con alguna razón que no hay castigo más terrible que el trabajo inútil y sin esperanza”
(El mito de Sísifo, Albert Camus)
Ganarse el pan con el sudor de nuestra frente es una enseñanza básica del mundo occidental. Trabajar como sinónimo de castigo por pecar y haber perdido el paraíso original de nuestros primeros padres, puede convertirse en maldición sin escapatoria.
La cultura del esfuerzo entre los adolescentes y jóvenes adultos está a la baja, dicen muchos padres decepcionados. Las nuevas generaciones no saben lo que es ganarse las cosas ni esforzarse por ellas. Quieren todo sin dar nada a cambio. Viven frente a una computadora y piensan que pueden lograr lo que quieran desde allí, sin tener que despeinarse ni un poquito.
Todos los días escuchamos noticias sobre los millones de desempleados en España. Los millones de jóvenes que cuando terminen sus estudios, no tendrán un lugar en el mercado laboral. Pero también escuchamos que muchos adultos en sus veintes y con carreras casi terminadas, siguen dependiendo económicamente de los padres, a pesar de que podrían salir a buscar su independencia, si no con holgura, sí con dignidad.
Por Vale Villa
Las emociones no expresadas nunca mueren. Son enterradas vivas y regresarán más tarde, en formas mucho más horribles” (Sigmund Freud)
A pesar de más de 100 años de investigación en Psicología y unos cuantos menos en neurociencias, sabemos poquísimo de nuestro yo. Es más, ni siquiera tenemos claro qué es, cómo se siente, cómo funciona y dónde se localiza. Existen muchas metáforas para describirlo, pero quizá ninguna sea suficientemente útil para saber cómo cambiarlo.
Por Vale Villa
La sexualidad es perseguida hasta el más ínfimo detalle de las existencias; es acorralada en las conductas, perseguida en los sueños; se la sospecha en las menores locuras, se la persigue hasta los primeros años de la infancia…” (Michel Foucault)
El viernes pasado fui a ver The Sessions (Lewin, 2012), que cuenta la historia de Mark O´Brien, un poeta con una discapacidad. La película es muy recomendable y sirve de pretexto para reflexionar sobre sexualidad.
Tenemos un cuerpo que no necesariamente nos enseñaron a amar.
Fuimos tocados, amamantados, acariciados, golpeados, empujados, rechazados. Todas esas sensaciones conforman la memoria corporal junto con las ideas que sobre sexo aprendimos con nuestros padres y de la cultura dominante.
En muchas familias, la sexualidad es un tema prohibido y pecaminoso del que solo se habla para infundir culpa. En muchas familias la sexualidad no es vivida ni expresada libremente. Los prejuicios religiosos y morales la cubren de silencio, reglas que cumplir, discursos sobre los pecados de la carne. Pura connotación negativa para educar sobre el cuerpo y sus deseos.
Por Vale Villa
El sentimiento de estar solos en el mundo es una consecuencia frecuente después de terminar relaciones amorosas, de perder amigos o de enfrentar grandes cambios en nuestra vida como el fin de un ciclo laboral, cambiar de casa, de país, de etapa de ciclo vital. La soledad que siente una niña de 12 años ante la perspectiva de dejar la niñez para entrar en una etapa desconocida, se parece muchísimo a lo que puede experimentar un hombre de 50 años, que se siente solo y perdiendo la juventud.
Hacemos toda clase de cosas para combatir la soledad: vemos televisión, compramos, comemos, comenzamos y mantenemos relaciones amorosas que no nos ilusionan o que son de mala calidad, nos quedamos en círculos de amigos por costumbre y no por convicción.
- Vistos
- Compartidos
- Licuado de pera y nuez
- Wrap de frijoles negros
- Mousse de chocolate
- Pastel de pollo
- Tostaditas de tinga
- Tortitas de filete de cerdo
- Galletitas Primavera
- Brusquetas al cuadrado
- Crepas de pollo a la poblana
- Platanitos fritos
- Pan de muerto
- Tarta de tomate a la provenzal
- Suprema de pollo
- Morrones rellenos
Parásito de la malaria guía al mosquito hacia el olor humanoLos mosquitos portadores del parásito de la malaria se sienten mucho más atraídos por el olor de los seres humanos, que aquellos que no lo portan, dice nuevo estudio.
Inventan una película que cambia según el ánimo de la audienciaVea cómo investigadores desarrollaron una tecnología que permite cambiar el argumento y final de la película dependiendo del humor de las personas que la observan.
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