Por Vale Villa

por PollTest 1688853249388564 mié. 3:10 p. m.


Un amigo me hizo reír mucho esta mañana. Dice que la vida es aburrida, que uno debe aburrirse con alguien y elegir con quien hacerlo por el resto de la vida. Es que he visto demasiadas películas de Woody Allen, remata. Yo muero de risa porque lo dice en la víspera de casarse por segunda vez, con una mujer que describe como inteligentísima pero de la que ya se cansó. Sospecho que el problema no es de la mujer sino de mi amigo, que es un voraz consumidor de experiencias, que ha vivido al límite durante largos períodos de su vida y que solo logró hacer tierra gracias a que tuvo una hija hace algunos años y a su increíble talento literario.

 

Me dejó pensando, además de hacerme carcajear, sobre el aburrimiento y la pareja. Para muchos es el infierno más temido: que el otro me descubra, que sepa que soy lo menos interesante cuando estoy recién levantada y apenas puedo articular palabras, o que soy animalito de costumbres y que si no me tomo un café antes de las 8 am, no hay modo de que arranque el día con algo de chispa.

Todos somos esos aburridos y aburridas y nos volvemos, propositivamente, un poco más interesantes para darnos a querer con nuestros hijos, amigos, clientes o con la pareja de corto o largo plazo. Quizá pensamos que nos quieren porque somos especiales y entretenidos. Porque tenemos talentos escondidos que harán que los otros nos amen locamente.

 

Por Vale Villa

por PollTest 1688853249388564 23, jul., 2014 11:02a. m.

 Auguste Rodin

“Todos los problemas de la humanidad surgen de la incapacidad del hombre para sentarse solo, en silencio, en una habitación”

 

                                                               Blaise Pascal

 

Las causas de infelicidad son tan personales como lo son los deseos, así que lo que a unos les resulta útil para ser felices a otros no tanto.  El bombardeo de reflexiones cursis sobre la felicidad quizá ha detonado un aumento en el escepticismo sobre el tema.  Cualquier ideología disfrazada de “teoría comprobada” sobre el camino para ser feliz o infeliz y que además venga empaquetada y con precio, no debería tomarse en serio.

Hay institutos de ciencias de la felicidad basados en los hallazgos de la psicología positiva. No dudo de la seriedad de los estudios sobre la felicidad ni de que cualidades como la capacidad de compromiso y la amabilidad le ayuden a las personas y al mundo. Pero también pienso que hay algunos que por su carácter no pueden ser tan amables como otros o son incapaces, por timidez, de decir cosas inspiradoras a los demás para hacerlos sentir bien.

 

Por Vale Villa

por PollTest 1688853249388564 17, jul., 2014 8:19a. m.

agua para chocolate

Algunos pensadores después de la era freudiana, como Klein y Abraham,  hablaron de la envidia hacia el pecho de la madre. Si pensamos en esta idea en términos contemporáneos, podemos decir que uno de los síntomas de esta envidia es sentir metafóricamente, hambre insaciable y voracidad que se vuelve desesperación.

Hay un tipo de pacientes en el consultorio que siempre hablan de sentirse insatisfechos. De buscar compulsivamente sin poderse detener, la falla en lo que hacen, proyectan, anhelan, desean o aman.

Describen la insatisfacción como hambre de algo que nunca llegará. De algo que se piensa imposible. Por ejemplo:

 

Una mujer muestra una tendencia a vincularse con hombres que frustran su deseo de amor y compañía. O se enamora de alguien que está comprometido en otra relación y que no podrá darle el tiempo y la dedicación que espera.

O se conforma con una pareja que no le entusiasma y a quien puede devaluar e incluso aniquilar, anticipando un monto moderado y soportable de sufrimiento.

 

Un hombre que nunca termina lo que empieza. Que inicia un proyecto con mucha ilusión, pero que en la mitad del camino hace algo para truncarlo. Como si no fuera digno de éxito ni de lograr una meta valiosa.

Esa persona que siempre teme que cuando algo bueno le ha pasado en la vida, no durará. Que cree que la nube de la desgracia o de la mala suerte le persiguen irremediablemente.

 

Por Vale Villa

por PollTest 1688853249388564 10, jul., 2014 12:29p. m.


Una mujer desesperada me pide en una carta que escriba sobre la relación Suegra-Nuera, porque ya no sabe qué hacer con la esposa de su hijo, con quien cada vez se lleva peor. Me hizo pensar en muchísimas parejas con las que he trabajado en el consultorio y que tienen un problema similar. El conflicto es frecuente y puede llegar a niveles insoportables si no se administra bien.

 

El tema de las suegras y las nueras es un clásico de la terapia familiar. Existen estudios interesantes al respecto ( Terri Apter, Cambridge University) (Enyart Mikucki, Wisconsin University) que encontraron resultados similares.

Se trata de una relación especialmente tensa entre mujeres, suegra y nuera. No así para los varones y las madres de sus esposas. Un alto porcentaje de mujeres casadas se sienten frecuentemente incómodas por los comentarios invasivos de las suegras en relación al cuidado del marido (como si se tratara de un niño), la crianza de los hijos y el orden en la casa. Resulta casi obvio que surja alguna clase de choque entre una recién llegada y una matriarca experimentada.

 

Por Vale Villa

por PollTest 1688853249388564 2, jul., 2014 1:36p. m.


La intolerancia es la primera señal de una educación deficiente. Alguien con una pobre educación se comporta con impaciencia arrogante, mientras que la educación profunda se nutre de la humildad

                                Aleksander Solzhenitsyn

 

Voltaire escribió el tratado de la tolerancia en 1763, llamando al respeto entre las distintas religiones y denunciando el fanatismo religioso.

Piensa por ti mismo y deja a los otros disfrutar del privilegio de hacer lo mismo, proclama este texto que se volvió prohibido poco después de su publicación.

 

Deberíamos vivir en un mundo que garantice el derecho de las personas a cometer sus propios errores. Todos nos hemos equivocado horriblemente y hemos tomado malas decisiones, pero la autonomía moral es indispensable para elegir libremente. Sin esa posibilidad, quedamos reducidos a animales sin capacidad para discernir. Solo la independencia moral nos vuelve humanos.

La ideología, la superstición, el moralismo, el juicio descalificador, el fanatismo. Todas acaban con la capacidad para pensar y con cualquier rastro de bondad y capacidad de empatía.

 

Por Vale Villa

por PollTest 1688853249388564 26, jun., 2014 8:52a. m.


Nunca es demasiado tarde para convertirte en lo que podrías haber sido.

                                    (George Elliot)

 

El miedo al fracaso es humano. Nadie nace sabiéndolo todo. La vida es una sucesión de aprendizajes que casi siempre llegan después de equivocarse. Nadie tuvo una crianza en la que solo se fomentó la seguridad y el amor propio. En la familia y en la escuela nos enseñaron que había respuestas incorrectas. El miedo al ridículo social, aunque doloroso, funciona como una contención para los núcleos salvajes de la personalidad.

Muchos se describen como inseguros porque tuvieron un padre o una madre exigente, imposible de satisfacer. O porque crecieron a la sombra familiar del éxito económico o del prestigio intelectual que se transformó en autodevaluación y angustia de desempeño. Nadie tiene el expediente impecable de fracaso y aprender a lidiar con lo que nos sale mal es fundamental para no destruirse.

 

También es verdad que algunas personas sienten un miedo patológico a emprender proyectos nuevos.  Posponer sin razón alguna decisiones que cambiarían la vida para mejorar es reflejo de miedo desbordado. Es frecuente el arrepentimiento por no haber decidido asuntos que significaban crecimiento: cambiar de trabajo, luchar por una relación, dejar de beber o de fumar, independizarse profesionalmente, comprar una casa, terminar los estudios, en fin.

 

Por Vale Villa

por PollTest 1688853249388564 18, jun., 2014 12:44p. m.

Big Daddy

 “Mi padre no era cualquier padre. Era el padre. Con todo lo  detestable y todo lo digno de amar que hay siempre en un  padre”

                                         (Philip Roth)

 

La celebración del Día del Padre transcurre suave y discretamente. No es fiesta nacional ni mucho menos. El culto religioso que se da a la madre es inalcanzable por casi cualquier otra celebración (excluidos los partidos de la Selección Nacional).

El Edipo freudiano ha sido –más que una teoría– vida cotidiana. Nuestra cultura idolatra a la madre y mantiene una distancia con el padre. “Matar al padre”, vencerlo para quedarse con la madre, traer al consciente el odio primitivo por el padre: todos temas del psicoanálisis asociados con la capacidad para censurar los instintos primitivos como función del padre. El padre entendido como la ley, como el límite que impide que el amor del hijo por la madre se convierta en enfermizo y sea capaz de buscar objetos de deseo fuera de la familia.

Un padre se define por su capacidad para cuidar y comprometerse con los hijos que ha decidido tener, biológicos o adoptivos. Ser padre es un derecho que se gana en la convivencia diaria y no como derecho divino.

 

Por Vale Villa

por PollTest 1688853249388564 11, jun., 2014 11:47a. m.


La vida es una sucesión de pérdidas. La muerte o la separación es motivo de duelo. También el final de los ciclos: ver partir a los hijos, perder la juventud, la salud. Asomarse al mundo y enfrentar el horror de la violencia, el abuso y la desigualdad. Quizá por eso los excesivamente optimistas despiertan desconfianza. Huir del dolor, de enfrentar las partes oscuras de la existencia, buscar lo positivo en todo, no debería ser aspiracional.

La tristeza es una forma de nombrar una emoción. Muchos días consecutivos de tristeza intensa se pueden convertir en un estado de ánimo depresivo. La emoción llega fácil y fácil se va. El estado anímico tarda más tiempo en desarrollarse y también es más difícil de erradicar.

Pertenecemos a una generación debilitada por enfermedades como el cáncer, la obesidad y la depresión. Según la Organización Mundial de la Salud, el 22 por ciento de la población sufre de por lo menos un síntoma depresivo. Podríamos entrar en duelo frente a la estadística o intentar, como propone Jonathan Rottenberg en su libro “The Depths: The Evolutionary Origins of the Depression Epidemic” de comprender su valor evolutivo y dejar de explicarla solamente como una enfermedad o como un déficit de la persona. Porque verla unidimensionalmente es entenderla muy pobremente. La depresión es una suma de variables mucho más amplia de lo que hemos podido ver hasta hoy. La felicidad además se ha vuelto un fetiche, así que tal vez nunca antes había sido tan mal visto estar deprimido. El llamado incesante a la productividad y al desarrollo humano ha generado un efecto paradójico en muchas personas que sienten que se quedan cortas frente a las expectativas dominantes.

 
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