Por Vale Villa

por PollTest 1688853249388564 Hace 17 horas

Remedios VaroIrse con dignidad y agradecimiento de las relaciones que han sido importantes, por el tiempo que han durado, por la relevancia de lo compartido, por la intensidad si es que fueron breves, es dificilísimo. Muchos y muchas pierden el estilo. Gente que ha sido sensata y tranquila hasta ese momento, se convierte temporalmente en alguien deteriorado. No sé si es la deformación que el cine o la literatura han provocado en nuestras mentecitas frágiles, pero algunos parecen convencidos de que si no es un drama con lágrimas, reclamos, cartas de destrucción, víctimas y victimarios a escena, no es final digno para un gran amor.

 

Menos es más es una regla fundamental para escribir bien y útil para todas las dimensiones de la vida. El estilo melodramático, tan típico de las telenovelas, puede ser entretenido para sentarse en un sillón a no pensar en nada. Pero no sirve para vivir. Desgastarse innecesariamente en horas de discusiones y en reclamos, solo intensifica el dolor y el rencor. La compulsión a aclarar cosas, a saber todas las “verdades”, es un acto sadomasoquista. 

 

Si fuéramos capaces de filtrar las cosas realmente importantes, quizá seríamos un poco más pausados cuando llega el final de las cosas. Se acaban relaciones de años y años de matrimonio; relaciones cortas pero intensas que parecían el antídoto del desamor; dejamos de ver amigos que fueron entrañables en nuestra adolescencia y que en la vida adulta se han vuelto alienígenas con los que ya no podemos comunicarnos. Se rompen las cosas, se acaban los ciclos; un trabajo de ensueño se vuelve un infierno con el cambio de administración. Y la vida sigue.

 

Por Vale Villa

por PollTest 1688853249388564 9, abr., 2014 11:31a. m.

msnHay días que dan ganas de dejar que todo se lo lleve la fregada. Si tus hijos no quieren estudiar, que le lleguen. Si mandaste decenas de mails intentando armar un nuevo proyecto de trabajo y nadie te contesta, ni modo. Chocolates por kilos, ríos de tinto, tacos al pastor. Los kilos y el porcentaje de grasa qué y qué.

A veces dan ganas de claudicar. La perseverancia para seguir adelante, la fortaleza para recuperarse del dolor, de las decepciones, de las mentiras que todos los días nos contamos a nosotros mismos y que los demás también nos cuentan, merman la sonrisa y a veces el alma. Enfrentarse con todo a veces es demasiado, porque aunque la vida es lucha (o eso dicen), los humanos tenemos reservas físicas y emocionales limitadas. Renovables pero no infinitas. Disponibles a veces pero no bajo todas las circunstancias.

A veces creo que los nunca te des por vencido, mañana será otro día y al mal tiempo buena cara, además de ser frases gastadas, a ratos no ayudan. Se vuelven estándares que cumplir, verdugos que nos dicen que no hay que detenerse y que alimentan al perseguidor interno que no tiene compasión ni sabe de lo que nos duele y nos debilita.

 

Por Vale Villa

por PollTest 1688853249388564 2, abr., 2014 1:24p. m.

Walter Mitty

Leyendo “Las consolaciones de la filosofía” de Alain de Botton, me encontré con Epicuro, cuyo argumento central  es que si tenemos riquezas pero no tenemos amigos, libertad y una vida reflexiva, nunca seremos felices.

 

Es importante observar nuestros deseos, que sin darnos cuenta, nos hacen infelices. Porque siempre quisiéramos tener lo que no tenemos. “El deseo vive en la ausencia”, dice el multicitado Rafael Manrique.

Desear lo que tenemos y ser felices con eso, se podría parecer a la mediocridad, pensamos. Conformarnos simboliza un modelo de sencillez repulsivo para los ideales de ambición como parte del crecimiento.

 

Tal vez hemos confundido lo necesario y esencial con lo innecesario y superficial. Y de ahí surge la insatisfacción.

Nadie, según Epicuro, puede ser feliz sin amigos, sin libertad y sin reflexión sobre las principales causas de ansiedad que casi siempre son la enfermedad, la muerte, la pobreza y las ideas supersticiosas (inclúyase aquí el karma, el destino, la voluntad de Dios, las visualizacions positivas, etc).  Nadie puede ser feliz tampoco,  sin lo esencial para vivir: comida, techo y ropa. Obviedad que se vuelve invisible cuando no se ha padecido pobreza.

Todo lo que no cabe en estas categorías, no es esencial y por tanto, una fuente artificial de sufrimiento.

 

Los relatos de las personas, frecuentemente son de frustración. Las narraciones en las que se expresa la autovaloración de la vida que se ha construido, detallan todos los deseos truncos, entendidos como símbolo de fracaso. Tener una situación económica complicada, no tener una casa propia o grande donde vivir, no tener un coche nuevo, no tener dinero para comer en lugares bonitos, no tener una posición de influencia o de poder en el trabajo: En estas frustraciones se pierde el tiempo y la claridad de una vida sencilla en la que se necesita poco para ser feliz.

El miedo a la pobreza controla la vida de algunas personas que hoy son exitosas económicamente, pero que siguen viviéndose como pobres a pesar del paso del tiempo y del cambio radical en sus ingresos.  

El miedo a perder el amor de quien nos ama, a la enfermedad, la angustia por la posibilidad de enfermarse y el miedo a la muerte, ensombrecen los días de muchos.

 

Por Vale Villa

por PollTest 1688853249388564 27, mar., 2014 10:22a. m.

 

“Contradecirse en cada acto; la tarea infinita del corazón humano”

Delmore Swartz

Para sacarnos de encima la angustia del vacío existencial,  afirmamos que el amor es lo que le da sentido a todas las cosas. Pero no logramos incluir en nuestras creencias románticas que el amor que enaltece y humaniza, también está siempre (siempre) mezclado con voracidad, envidia, ingratitud y hasta sadismo. Sí, hasta los más “buenos” fantasean con destruir al objeto de su amor, porque necesitan sentir que no los controla, porque muchas veces es frustrante, porque el deseo de cercanía produce angustia y porque, como escribió Lacan, nunca sabemos que quiere el Otro de nosotros.

 

Por ejemplo, amar a los hijos por sobre todas las cosas como el antídoto de cualquier mal que les pueda aquejar, es una falsedad de falsedades si se entiende al amor filial como incondicionalidad, igual a paciencia y tolerancia infinita llevadas a los extremos de la sobreprotección, de la aceptación del chantaje como contrato relacional y de la explotación de los hijos hacia los padres, que están convencidos de que su única misión es amarlos (habló una mamá de adolescentes).

 

El amor romántico pasa por avatares similares. Dice Aristóteles que amar verdaderamente es desear la felicidad del otro. Paz dice que amar es amar la libertad del otro más que al otro mismo. El amor todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo soporta, es paciente, servicial y nunca busca su propio interés, reza la Epístola de San Pablo a los Corintios. Erich Fromm es más sincero: todos nos preocupamos más de que nos amen que de amar.

 

La idealización de nuestra capacidad de entregarnos, deja sin nombrar nuestro lado más oscuro. La fantasía inconsciente de destruir lo que amamos, de lanzar juicios sumarios sobre nuestro amado o amada para lastimarles, las palabras dolosas y descalificatorias, los abandonos y rechazos que todos hemos protagonizado, casi siempre inconscientemente, contra nuestros hijos, amigos, padres, hermanos y pareja.

Hay una distancia abismal entre quienes son capaces de ver sus defectos y de autocrítica, y los que se sienten exentos de maldad.

Nadie lo está y la inocencia perfecta se pierde prontísimo en la vida. Todos queremos algo de los demás y a veces, en el camino del egoísmo, aprendemos a dar.

Utilizamos a los otros para sentirnos bien o menos solos, o los usamos de pretexto para tomar decisiones que son personales e intransferibles (como las credenciales).  El riesgo de estancamiento y de cultivar el potencial de destrucción y odio, es mucho mayor para quien es autocomplaciente e incapaz de reconocer su locura, sus malas intenciones, su capacidad para destilar veneno. Para quien además, proyecta todo lo malo y defectuoso fuera de sí mismo. Para quien se proclama inteligente, saludable, bien intencionado, noble y generoso.  

 

Qué miedo le tenemos al odio, dejando de ver que es una fuerza que nos ayuda, por ejemplo,  a dejar una relación desastrosa, a poner límites frente a la violencia, a volverse fuerte frente a la agresión. El odio es un sentimiento humano,  como cualquier otro. ¿Por qué no deberíamos odiar a nadie? Tal vez lo que hace daño es ser incapaz de reconocerlo, observarlo, sentirlo, identificar sus causas, descubrirlo en el fondo de algunas motivaciones, transformarlo y quizá aprender a sublimarlo. Ninguna superioridad moral hay en los que falsamente afirman no odiar a nadie. Solo son más peligrosos, por miopes y vanidosos.

 

Sería una belleza que fuéramos capaces de ver más allá de nuestras ideas estereotipadas. Que pudiéramos trascender el miedo a ser vistos en plenitud, llenos de contradicciones y locura. También sería lindo que entendamos que las palabras para nombrar los sentimientos no son los sentimientos. Muchos dicen te amo a la menor provocación. Habrá quienes nunca lo digan, porque no está en sus genes, o algo.  Nadie es mejor o peor. La democracia de la vida sentimental y de su expresión debería ser radical. Cada quien siente lo que siente y hace lo que puede con eso. La única salvación, casi universal, es reconocernos tan capaces de amar como de odiar.

 

Vale Villa es psicoterapeuta sistémica y narrativa. Le puedes escribir a valevillag@gmail.com aunque no da consulta por correo. Su mejor forma de ayudarte es en su consultorio. Citas: 5659 8209. 55205525

Vale intenta hacer divulgación psicológica que respete la inteligencia del lector. Es conferencista, mamá de adolescentes y tiene un libro publicado: “Secretos de una terapeuta de Parejas”, Editorial Planeta, 2012.

 

 

Por Vale Villa

por PollTest 1688853249388564 20, mar., 2014 8:20a. m.

Amélie Poulain

“La soledad es una compulsión pasiva. Lo único que tengo que hacer, es nada.”

 Will Storr

La capacidad para estar gozosamente solo, ha sido deificada por algunos discursos dominantes. Quizá faltaría completarlos, agregando que es posible sufrir una sobredosis de soledad. Tal afirmación no niega las diferencias individuales en temperamento y experiencias, sino que enfatiza que aunque haya quienes prefieren estar solos que acompañados, demasiada soledad puede ser un vicio del que difícilmente se sale.

De manera invisible cada uno construye su vida social. No hay nada azaroso en la forma de relacionarse con el mundo, aunque exista una tendencia a creer que las cosas son de un modo porque estaban destinadas a ser así.

El aislamiento no es inocente: casi siempre, tiene un componente de desconfianza. El solitario, aunque lo sea por elección, (o de menos eso dice) tiene la creencia de que será rechazado y prefiere anticiparse aislándose. Quizá tiene miedo de la crítica, la competencia, la devaluación, la indiferencia y hasta de la conspiración.

Las neurociencias nos dicen que al parecer, la necesidad de ser incluido es en parte hereditaria. Hay quienes necesitan menos amigos que otros, desde siempre.

Y también nos dicen, después de estudiar a personas con poquísimas interacciones sociales, que demasiada soledad puede deteriorar la capacidad de comunicación; los solitarios parecen vivir en otro mundo y hablar otro idioma. Las claves sociales del lenguaje son complejas y particularmente difíciles para ellos, que frecuentemente parecen groseros por su forma de expresarse, ultra directa y sin capa entérica. Lo inapropiado, por cierto, cambia con la cultura. Seguramente lo que es grosero en México, es nada en Argentina. Digo.

 

Por Vale Villa

por PollTest 1688853249388564 12, mar., 2014 2:34p. m.





                                                                                                                                                                           A pesar de la increíble seducción del individualismo en el consumo y de los nuevos estilos de vida que exaltan la belleza de la soledad, los humanos somos gregarios y necesitamos pertenecer a alguna tribu para construir parte de nuestra identidad y del sentido de vida.

Decir que nadie es una isla es mucho más que una metáfora. El dolor de sentirnos solos y rechazados, es una realidad observable en resonancias magnéticas. El sufrimiento emocional es registrado en las mismas regiones en las que se localiza el dolor físico. Sentirse excluido e invisible tiene un impacto negativo en la vida afectiva y quizá peor que el rechazo mismo, es la conclusión frecuente de que no tenemos lo necesario para que nos quieran. Hay experimentos sociales que indican que nos importa incluso la opinión que los extraños tengan de nosotros, aunque después sepamos que forman parte del Ku Klux Klan. Es en serio.

Por ejemplo, cuando alguien deja de amarnos, comienza el mecanismo de la autodevaluación: uno se pregunta en qué falló y cuáles son los defectos insoportables que alejaron a quien nos amaba. Todos podemos llegar a ser personas horribles a veces, pero no por eso nos rechazan. O no siempre. 

Una relación de amor puede romperse por falta de química, por incompatibilidad de ciclos vitales, por necesidades antagónicas, porque simplemente no hubo un ajuste suficiente para conservar la cercanía. La amistad a veces se rompe por diferencias intelectuales o éticas graves, por agendas repletas de trabajo y carentes de espacios para la conversación y la solidaridad, pero no porque intrínsecamente seamos rechazables.

 

Por Vale Villa

por PollTest 1688853249388564 5, mar., 2014 11:56a. m.

Water for Elephants

“Hoy nos unimos a las personas de todo el mundo para celebrar el progreso conseguido a favor de los derechos de las mujeres, el empoderamiento de las mujeres y la igualdad de género. Por otra parte, observamos que el progreso ha sido lento, desigual y, en algunos casos, las mujeres y las niñas se enfrentan a nuevas y más complejas dificultades”

Phumzile Mlambo-Ngcuka

(Secretaria General Adjunta de las Naciones Unidas y Directora Ejecutiva de ONU Mujeres para el Día Internacional de la Mujer 2014) *

Ser mujer nunca ha sido fácil ni simple, aunque tal vez hoy vivimos en nuevas cárceles disfrazadas de libertad. Aunque nos proclamemos autónomas, estamos atrapadas en la obligación de lucir delgadas, femeninas y cuidadas. Tenemos una relación neurótica con la comida. No queremos engordar, odiamos nuestro cuerpo y siempre anhelamos ser las que nos somos. Vernos bien es un acto de autopersecución y no de amor propio.

Dicen que estar en forma o “fit” es la nueva forma de ser sexy. O la nueva psicosis. Ya no basta ser delgadas. Ahora debemos ser fuertes, musculosas pero no mucho, ligeras pero no demasiado, con el porcentaje de grasa exacto. La receta perfecta para alimentar la insatisfacción.

Muchas de las mujeres que conozco, buscan ayuda terapéutica porque no encuentran pareja, porque sienten que nadie las valora ni las quiere tal y como son, por agotamiento físico y emocional. Por aspirar a hacerlo todo y lograr el anhelado “multitask” o capacidad de ser malabaristas de tiempo completo. Multitarea, multiangustia, con doble-triple-cuádruple jornada laboral.  

Paradójicamente, las mujeres de hoy no se aman más, porque se persiguen todo el tiempo. La autoexigencia brutal las vacía en lugar de nutrirlas y es causa de ansiedad y depresión.

 

Por Vale Villa

por PollTest 1688853249388564 26, feb., 2014 12:11p. m.

depresión Inmujeres informó en noviembre pasado, que “el 37.1% de las mujeres de 15 años o más, ha sido víctima de violencia comunitaria, la cual consiste en tocamientos, manoseos, agresiones físicas, insinuaciones o propuestas para tener relaciones sexuales, obligación de mirar o realizar actos sexuales provenientes de desconocidos, vecinos, amigos, policías o militares”.

La violencia sexual es un delito epidémico porque no se denuncia,  en gran parte porque el trato que reciben las víctimas cuando se atreven a hacerlo, es de revictimización. Muchas mujeres han tenido que soportar la suspicacia machista  de hombres y mujeres, que trabajan en el sistema de “justicia”. Además de la burocracia kafkiana que caracteriza a nuestro país, deben responder a interrogatorios que también son violentos: ¿cuánto alcohol bebió? ¿cómo iba vestida? ¿por qué se tardó tantas horas en denunciar? . Preguntas que inculpan a quien ha sufrido una experiencia traumática y necesita ayuda, escucha, comprensión, apoyo, fuerza, pero sobre todo saber y poder confirmar con todos sus interlocutores, que es inocente.

 
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