El Blog de Vida en Prodigy MSN con Vale Villa(AFP)

Hace muchísimo tiempo que dejé de leer Proceso, pero el otro día encontré una edición especial llamada "La tragedia de Juárez" que me pareció muy interesante y útil para entender muchas cosas que no había entendido. El último artículo, escrito por Anne Marie Mergier, habla de la atención terapéutica admirable y titánica que un grupo de cuatro psicólogos coordinan en Ciudad Juárez, para atender a las víctimas de la violencia en la entidad, que incluye terapia individual y colectiva para duelear la muerte de familiares y amigos, atención y rescate de cientos de huérfanos que se convierten en niños de la calle, gestión comunitaria para ayudar a la gente a reconstruir poco a poco la vida que la violencia les arrebató, prevención psico-educativa para niños y adolescentes, familias, parejas y la comunidad en su conjunto.
"Brindar atención y fuerza a nuestros semejantes, ayudándolos a volver, a que sus vidas pulverizadas recobren sentido" (Alejandro Anguiano).

Quizá sabemos que la violencia en el país nos afecta a todos. Lo que quizá no nos imaginamos, es el impacto que tiene en las víctimas directas del crimen: los niños juegan a las ejecuciones y a los secuestros. Cada vez es más frecuente ver en niños cuadros clínicos de adultos como ansiedad, depresión e ideación suicida.

Entre 1993 y 2010, se han registrado 883 feminicidios. Difícilmente podemos imaginar el impacto emocional de estas muertes y también el impacto cultural, ya que ante la falta de justicia, la población comenzó a acostumbrarse a la aparición de mujeres muertas. Los familiares se resignaron a no encontrar a los culpables y muchas veces a no encontrar siquiera los cuerpos de sus hijas, hermanas, madres, desaparecidas hasta el día de hoy.

Los terapeutas entrevistados enfatizan la importancia de que el sufrimiento sea reconocido. Por eso la indiferencia social o el odio por aquellos que consideramos culpables de la injusticia, no hace ninguna diferencia en la vida de cada una de estas personas que necesitan que su sufrimiento sea escuchado y reconocido por todos. Un solo asesinato afecta a muchos y genera niveles de ansiedad difíciles de atender.

Las iglesias en Ciudad Juárez han comenzado a pedir ayuda a las instituciones que participan en el Programa integral de atención a víctimas, al darse cuenta de que la gente no puede superar su miedo de salir a la calle, aunque en los últimos dos años lo haga a pesar del riesgo. La fe ayuda a la reconciliación, pero se va volviendo insuficiente ante la abrumadora realidad. La necesidad de trabajo colaborativo entre terapeutas, iglesias, instituciones públicas y privadas, periodistas, comunicadores y gobiernos estatales y federal, es la única alternativa para atender a la comunidad.

La forma de ayudar a los habitantes que sufren las consecuencias de la violencia, es trabajando desde adentro de la comunidad. Las experiencias en Ruanda y Sudáfrica sirven de modelo de trabajo para aquellos padres de familia que desean confrontarse con los asesinos de sus hijos. En estos países, una parte de la reconstrucción social pasó por el trabajo terapéutico incluyente, incluso con los perpetradores de asesinatos, que en algunos casos, pudieron pedir perdón y reconocer su culpa. En estos países, era tal la magnitud del genocidio, que todos los habitantes se involucraron como "terapeutas de emergencia", escuchando a las víctimas siendo, en la mayoría de los casos, víctimas ellos mismos, en grupos de contención en donde el único "método" de recuperación era el contacto humano, la escucha compasiva y generosa y la reconciliación a través del perdón.

Los duelos en situaciones de violencia social son mucho más complicados. La muerte, aunque ronda la ciudad, siempre es sorpresiva y violenta; y carente de toda lógica, porque los criminales no ven seres humanos sino blancos útiles para sus fines. La deshumanización que subyace es uno de los elementos más desesperanzadores y generador de rencor y deseos de venganza, haciendo muy difícil seguir adelante con la vida después de la tragedia. Sólo cuando todos estos sentimientos tienen un lugar de contención donde ser expresados y transformados, es posible contactar con el dolor profundo, enfrentar la pérdida, la tristeza infinita y lograr finalmente la resignación y la reconstrucción de la vida de los que siguen vivos.
La impunidad estorba profundamente los procesos de duelo. Las redes de corrupción entre la autoridad, policía y cárteles es abrumadora. . Sin justicia, sin castigo para los culpables, es casi imposible pasar la página.

Juárez es sin duda, el lugar más emblemático de nuestro país para entender las consecuencias de la pobreza extrema, la violencia intrafamiliar, la corrupción y el narcotráfico.

Después de la tragedia del Casino Royale de Monterrey hace una semana, pensé que aunque comprensibles como reacción ante la violencia, el odio, pedir renuncias, juicios políticos, ayuda solamente a aumentar el clima de violencia que azota a México. Pensé que quizá sería más útil reflexionar sobre lo que cada uno ha dejado de hacer por este país, cuánta corrupción hemos tolerado, cuan poco hemos exigido a las autoridades, qué poco solidarios hemos sido ante tanta muerte, que parece estársenos volviendo una costumbre a fuerza de oírla, verla, imaginarla, que no vivirla en carne propia como en el centro y norte del país. Esta es una crisis de Estado pero también emocional. Crisis de Estado, que está desbordado en su capacidad de protección de la población y en su capacidad para hacer justicia. Y crisis emocional, por el miedo y la incertidumbre que nos ha causado. No sé ustedes, pero yo me moría de miedo y de tristeza el día que atacaron el Casino Royale. Mauricio Meschoulam (@maurimm) recordaba en twitter un lema de los chinos: Mata a uno asusta a mil"...

¿Qué vamos a hacer con el miedo, la indignación, la soledad, la impotencia? De menos, solidarizarnos en formas activas y no sólo en los discursos. ¿"Estamos hasta la madre" nos lleva a la acción como a Javier Sicilia o sólo a instalarnos en la queja y en la búsqueda de culpables? Urge a nivel nacional una Red de apoyo a víctimas. En eso podemos participar todos. No es sólo tarea de psicólogos y tanatólogos. Apoyar a las víctimas, apoyarnos unos a otros en este momento, es deber de todos los mexicanos y sólo se requieren dos cualidades: compasión y generosidad con el prójimo. Todos, absolutamente todos, somos prójimo.

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Vale Villa es psicoterapeuta individual, familiar y de pareja. Tiene dos consultorios: uno en Médica Sur (Tlalpan, D.F.) y otro en Lomas de Chapultepec. Teléfono para informes: 5606-7245 Su Facebook es Vale Psicoterapia. Su twitter @valevillag Empezó recientemente a colaborar con la revista Dinero Inteligente con la sección Dineroterapia. Segunda semana sin radio y contando...en shock propositivo como mexicana.